¿No les suena esto de la dimisión del Sr. Sánchez a algo ya vivido? En la anterior legislatura ya tuvimos un episodio parecido. El Sr. Valadez, entonces Concejal de Personal y otros, abandonó sus cargos en las empresas municipales también, como ahora, por discrepancias con el que era compañero y alcalde socialista.
Y en aquella ocasión, la historia se repite, el Sr. Valadez no abandonó las delegaciones municipales que ostentaba. No seré tan mal pensado como algunos dejando caer aquí que la dimisión de la concejalía lleva aparejada una sustanciosa rebaja en los emolumentos mensuales. Tampoco diré nada de las posibles responsabilidades personales que adquieren los administradores de las sociedades y el miedo a que les salpique directamente su gestión, porque supongo que tanto Valadez como Sánchez dimitieron de buena fe. Pero sí que tengo que preguntarme qué clase de discrepancias son las que hacen que un servidor público, con ideas, con proyecto político, abandone tan sólo algunas responsabilidades cuando mantiene diferencias importantes con el gobierno que debe apoyar.
¿Qué hará el Sr. Sánchez a partir de ahora? ¿Bendecirá con su voto positivo la gestión que realice su sucesor en las empresas porque éste asuma las decisiones políticas del Alcalde? Si lo que subyace en este asunto es el plan de saneamiento y el futuro de la plantilla municipal ¿Qué política defenderá Sánchez? ¿La del concejal de Hacienda y Personal o la del nuevo Consejero Delegado de las empresas?.
Uno, que es más bien cabezón, no se imagina como se puede compartir el pan y la sal con aquel que ni te representa, ni te simpatiza, ni le tienes confianza. No entendí a Valadez, que se permitía dudar de la integridad ética de sus compañeros de gobierno al mismo tiempo que compartía con ellos cargos, prebendas y decisiones. Ni entenderé ahora que el Sr. Sánchez se mantenga al timón de las más importantes delegaciones de un gobierno que no comparte su proyecto político. Por ese interés general tan mencionado, dejen de jugar a la politiquilla y hablen claro de una vez.
Y en aquella ocasión, la historia se repite, el Sr. Valadez no abandonó las delegaciones municipales que ostentaba. No seré tan mal pensado como algunos dejando caer aquí que la dimisión de la concejalía lleva aparejada una sustanciosa rebaja en los emolumentos mensuales. Tampoco diré nada de las posibles responsabilidades personales que adquieren los administradores de las sociedades y el miedo a que les salpique directamente su gestión, porque supongo que tanto Valadez como Sánchez dimitieron de buena fe. Pero sí que tengo que preguntarme qué clase de discrepancias son las que hacen que un servidor público, con ideas, con proyecto político, abandone tan sólo algunas responsabilidades cuando mantiene diferencias importantes con el gobierno que debe apoyar.
¿Qué hará el Sr. Sánchez a partir de ahora? ¿Bendecirá con su voto positivo la gestión que realice su sucesor en las empresas porque éste asuma las decisiones políticas del Alcalde? Si lo que subyace en este asunto es el plan de saneamiento y el futuro de la plantilla municipal ¿Qué política defenderá Sánchez? ¿La del concejal de Hacienda y Personal o la del nuevo Consejero Delegado de las empresas?.
Uno, que es más bien cabezón, no se imagina como se puede compartir el pan y la sal con aquel que ni te representa, ni te simpatiza, ni le tienes confianza. No entendí a Valadez, que se permitía dudar de la integridad ética de sus compañeros de gobierno al mismo tiempo que compartía con ellos cargos, prebendas y decisiones. Ni entenderé ahora que el Sr. Sánchez se mantenga al timón de las más importantes delegaciones de un gobierno que no comparte su proyecto político. Por ese interés general tan mencionado, dejen de jugar a la politiquilla y hablen claro de una vez.