domingo, septiembre 19, 2010

Neofascistas

Publicado en Estepona Información el 18/09/2010

Sarkozy y Berlusconi deportando extranjeros, Rajoy apoyándoles desde la católica y españolísima Melilla y nuestro líder local anhelando vestirse de Capitán Trueno para desalojar a los delincuentes de Estepona a golpes de mandoble justiciero.

Por si alguien tenía dudas la derecha popular europea se ha quitado la careta, mostrando su auténtica identidad. Y lo están haciendo todos, desde el Presidente de la nación más poderosa hasta el alcaldable de nuestro humilde pueblecito. Embarcados en una deriva muy peligrosa, identifican al extranjero pobre con el delincuente mientras exageran de forma burda la supuesta situación de inseguridad que vive la población. Estos aprendices de fascistas aprovechan la crisis para atraer el voto del miedo, ese que anida junto a las necesidades y las más bajas pasiones de la ciudadanía.

Las declaraciones del Sr. García Urbano minutos después del atraco de la semana pasada, emitidas antes incluso de la desaparición del olor a pólvora, apestan a populismo de la peor especie, aunque encaja perfectamente en las políticas de sus socios nacionales y europeos. Aprovechando una desgraciada circunstancia, sin escrúpulo alguno, se convirtió en paladín de la seguridad sin pronunciar palabra alguna sobre lo que haría para conseguirla. Eso sí, dejando bien claro que “con él” estas cosas no pasarían.

La historia reciente nos recuerda cómo en el vecino municipio de Marbella el fallecido Jesús Gil construyó un entramado delincuencial mientras al tiempo presumía de “limpiar las calles”, para ello embarcó a pobres mujeres obligadas a prostituirse y enfermos adictos a las drogas en vehículos policiales y los colocó allende sus fronteras. Estamos seguros que no es la intención del Sr. Urbano seguir el ejemplo citado, pero aún así debería reflexionar sobre sus palabras, pedir disculpas y descartar para siempre un uso tan soez de algo tan delicado como el miedo de los ciudadanos. Aunque me temo que estoy pidiendo peras al olmo, cuando alguien se embarcó de forma decidida en el populismo neofascista, pocas posibilidades de marcha atrás existen.

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